# CAPÍTULO 38: EL DESPERTAR EN LA SEDA (POV ISABELLA)El despertar no fue un estallido de consciencia, sino una lenta y dolorosa ascensión desde un abismo oscuro y denso. Durante lo que parecieron siglos, solo existió el vacío. No había frío, ni dolor, ni recuerdos; solo una negrura absoluta donde el tiempo se había detenido. Pero entonces, el mundo real empezó a filtrarse como veneno por mis sentidos.Lo primero que registré fue el olor. No olía a moho, ni a humedad, ni a la madera vieja de la Casa del Lago. Olía a lavanda, a cera de abeja y a algo sutilmente cítrico. Era un aroma limpio, demasiado limpio para el lugar donde mi mente creía que aún me encontraba.Intenté mover la mano, pero sentí mis extremidades pesadas, como si estuvieran hechas de plomo. Un gemido seco escapó de mi garganta, y fue entonces cuando el dolor me dio la bienvenida. Cada centímetro de mi piel se sentía como si estuviera siendo quemado por agujas al mínimo roce con las sábanas.—Tranquila, niña. No intent
Leer más