CAPÍTULO 28: EL PESO DEL SILENCIO (POV ALEXANDER)
El rugido del motor de la camioneta era lo único que llenaba el vacío mientras dejábamos atrás el bosque. En mi piel todavía sentía el rastro del calor de Isabella, ese aroma a jazmín y a rendición que me perseguía como una maldición. Había salido de la cabaña con la mandíbula tensa, impulsado por una duda que se negaba a morir después de escuchar la voz de esa anciana. Necesitaba respuestas técnicas, pero también necesitaba alejarme de la muje