CAPÍTULO 23: EL DESTIERRO AL SILENCIO (POV ISABELLA)
—Es hora de irse, señora —dijo Mikhail. Su voz no tenía la calidez de Italia, pero tampoco la crueldad de Alexander. Era la voz de un hombre que simplemente sigue una ruta hacia un matadero.
Caminé por el pasillo del ático sintiéndome como un fantasma en mi propia casa. Alexander me esperaba junto al ascensor privado. Llevaba un abrigo largo de lana negra y sus ojos, al posarse sobre mí, no mostraron ni un ápice del arrepentimiento que yo hab