La fiscal Romo tenía una teoría sobre las confesiones: que no existían como acto único, sino como proceso de erosión. El primer día, un hombre como Rodrigo Salvatierra Peña entregaba lo que ya no le servía. Lo que ya había prescrito, lo que otros podían confirmar con o sin su cooperación. Entregaba los bordes de la verdad, los márgenes, las páginas que ya circulaban fotocopiadas en los juzgados. El segundo día, si el fiscal era paciente y el detenido había dormido mal, venía una capa más abajo. El tercero, si las condiciones seguían deteriorándose, venía otra.Rodrigo llevaba diecisiete días en el penal de Apodaca.Había dormido mal todos.La fiscal solicitó la ampliación de declaración sin avisar al abogado defensor con suficiente anticipación para que este pudiera prepararlo, lo cual era técnicamente un error procedimental que el abogado podría impugnar, y que la fiscal asumió como costo calculado. Lo que necesitaba que Rodrigo dijera no podía esperar al proceso de preparación que h
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