El invernadero nunca había estado tan silencioso como aquella noche.Sophia Isabella estaba sentada en el centro exacto del lugar, sobre la misma manta que sus padres usaban años atrás. Tenía diecisiete años recién cumplidos. Vestía completamente de negro, como siempre. Su cabello largo caía sobre sus hombros y la marca sobre su corazón brillaba con un rojo estable, constante, casi maduro.Frente a ella, a menos de tres metros, estaba Rafael Voss.Tenía diecinueve años. Ya no era el chico roto que llegaba empapado en mitad de la noche. Ahora era un hombre. Alto, de hombros anchos, mirada profunda y una cicatriz que cruzaba su ceja izquierda como recuerdo de todo lo que había tenido que romper para llegar hasta allí.Habían pasado tres años desde su regreso.Tres años de guerra, de lágrimas, de discusiones brutales, de silencios que dolían más que las palabras, de besos robados y de promesas hechas entre rosas negras.Esta noche, sin la misma rosa negra que Sophia Isabella le había dev
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