Diez años después.La mansión Blackwood nunca había estado tan viva.Isabella Rose, ahora con diez años, corría descalza por los pasillos persiguiendo a su hermano menor, Ethan Alexander, de siete años. Sus risas resonaban por toda la casa como una melodía que ninguna de las generaciones anteriores había conocido.Sofía, con treinta y cinco años, observaba todo desde el balcón del segundo piso con una taza de té en las manos. Julian se acercó por detrás y la abrazó, apoyando la barbilla en su hombro.—Míralos —dijo ella con voz suave—. Corren entre las mismas paredes que vieron tanto odio… y solo saben amar.—Se lo debemos a ellos —respondió Julian, besando su cuello—. A tus padres. A Sophia. A los que vinieron antes.Esa tarde, las tres generaciones se reunieron en el invernadero.Sophia, con casi noventa años, se movía con dificultad pero se negaba a usar silla de ruedas. Isabella y Alexander, ya con canas y arrugas, se sentaron en el banco central. Sofía y Julian se ubicaron a su l
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