Después de ganar la demanda, llegó una calma extraña a la mansión Blackwood. Demasiado tranquila.
Isabella Rose no confiaba en esa paz. El fuego nunca se dormía por completo, y ella lo sabía. Pasaba las noches despierta, caminando por el invernadero, tocando las rosas como si esperara que le susurraran lo que vendría después.
Una madrugada, mientras observaba el rosal antiguo, una rosa completamente negra cayó a sus pies. No era una rosa negra común. Esta tenía espinas plateadas que brillaban b