—¿Qué me vas a hacer? —preguntó Madeleine, con el tono de voz impregnado de anticipación. Fabien le acarició los labios con los dedos, masajeando el inferior entre las yemas del pulgar e índice y dejó escapar una sonrisa sombría.—Nada que no vayas a disfrutar —le respondió.—Lacroix, necesito tocarte.―Tomarás exactamente lo que te dé, muñequita, y dejarás que te haga todo lo que quiera hacerte. Ahora, espérame uno momento.Fabien se alejó de Madeleine, dejándola allí donde ella se encontraba, arrodillada en el suelo, y desapareció en el armario, donde buscó algo en una de las gavetas. un momento después, salió con una bolsa negra, del cual sacó un trozo de cuerda antes de acercarse a Madeleine.—Ponte de pie —le dijo y la agarró por la cintura, ayudándola a levantarse.Se acercó a la cama y la sentó. Se instaló detrás de Madeleine, con el pecho apretado contra su espalda para que tuviera algo contra quéapoyarse mientras el trabajaba.Entonces, tomó en sus manos el trozo de cuerda y
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