Gaspard lloró, volvió a vomitarse encima y gritó por el intenso dolor, pero en ningún momento También le soltó la muñeca. Lanzó el dedo cortado al suelo y volvió a bajar el cuchillo, colocándolo sobre el dedo anular, como si fuera a cortarlo. —Ahora, responde la puta pregunta que te hice o te corto el otro dedo —gruñó, ejerciendo presión sobre el dedo de Gaspard. Gaspard apretó los dientes por el ardor que le provocó el filo mientras abría su piel y, entre lágrimas y sufrimiento, volvió a negar moviendo la cabeza. —Lo juro... —sollozó—. Juro que yo no sé nada. Fabien no perdió el tiempo. Movió la mano y cortó el otro dedo con precisión. —¿Sabes qué fue lo que más me molestó de todo esto? —preguntó en voz baja mientras Gaspard se desgarraba la garganta por los alaridos—. Que dispararan hacia el vehículo donde iba mi esposa. Gaspard se atragantó, toció con fuerza y observó la tranquilidad con la que Fabien desechó su otro dedo, lanzándolo al suelo, junto al otro, y volvió a
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