Cuando Lena cruzó el umbral de su departamento, la máscara de autocontrol se deshizo.En el fondo, la Lena de quince años le reclamaba por decepcionar a su padre y por acongojar a su madre.—Ya está hecho —se dijo.A fin de cuentas, todo comenzó a descomponerse desde que se casó con Dimitri. Pero justo ahora, en su proceso de divorcio, es que lo comenzaba a notar.Esas cenas familiares que canceló a último minuto porque Dimitri tenía otros planes supuestamente pactados semanas atrás.El discurso suave. Casi un ronroneo que su futuro exesposo le decía al oído: “Ya eres una adulta y a tus padres les tiene que quedar bien claro eso”.—¿Cómo es que permití eso? —se miró las palmas de las manos.Se fue a la regadera a darse un baño. Intentó relajarse. Olvidar todo.Entonces su celular vibró. Un mensaje de Alán.“En la mañana te llevaré la otra parte de tu trabajo”.Ella respondió con un simple: “Bien, descansa”.…Al día siguiente, muy temprano, tocaron la puerta de su departamento.Lena l
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