Ivonne Guindon se miró al espejo del pasillo. Se pasó la mano por el cabello rojizo. Lo acomodó detrás de la oreja.
El rostro se le veía algo hinchado. Unas feas bolsas se habían formado debajo de sus ojos.
La panza, redonda, no podía ocultar sus cuatro meses y medio. La ropa holgada no tapaba nada.
«Soy hermosa, aún embarazada».
Sonrió. Una sonrisa fría.
«Demasiado hermosa para ser solo una amante», pensó mientras calentaba agua para el té.
Preparó la taza. Puso la bolsita negra. Esperó.
El va