Mientras la junta se llevaba a cabo, Lena trabajaba desde casa.
Sentada frente a la laptop. Revisaba los informes. Ordenaba números. Transferencias. Gastos.
Pero algo le distraía.
El departamento era hermoso. Lujoso. Paredes grises. Todo gris.
Apagado. Sin vida.
Un reflejo de su corazón.
«Mi vida no termina por un estúpido infiel», se recordó.
Cerró la laptop. Miró a su alrededor.
«Esto necesita color», pensó.
Tomó el teléfono y le escribió a Alán:
“¿Puedo cambiar algunas cosas de tu