Lena ladeó un poco la cabeza y de reojo miró a Alán, sus cejas semipobladas, su mandíbula definida, la barba de pocos días y su estatura, cielos ¿cuándo fue que la diferencia de alturas se volvió tan marcada? Ese era el perfil de un hombre adulto. Porque Alán era un hombre adulto. Y eso, aunque obvio, le dio cierta nostalgia. Ella suspiró. Eran de esos momentos en los que no puedes creer que el tiempo pasara tan rápido. Notar lo mucho que él había cambiado mostraba los muchos cambios de ella misma. La edad. La relación con su familia. Nada era igual que hace diez años, y lo físico solo era una pequeña expresión de los cambios internos. —¿Quieres volver a tu casa? —Alán cerró los ojos, se entregó a las caricias del viento. —Sí —dijo, pese a no querer volver a esa cueva de recuerdos amargos y soledad. Unos minutos después se subieron al automóvil en silencio. Al llegar, Alán la llevó hasta la entrada de su casa, la fachada que alguna vez la hizo sentir seguridad y confianza, ahor
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