Alán no iba a salir de ese departamento ni aunque le llamara el portero para decirle que su carro se incendiaba.
Se sentó en el sillón. Cruzó una pierna. En completo silencio.
Lía notó el ambiente raro. Pero no hizo ningún comentario.
Después de treinta minutos, decidieron que era hora de irse.
Al despedirse, Giovanni se acercó a Lena.
—Nos vemos mañana a las cuatro —le recordó—. ¿Quieres que pase por ti?
—Sí —asintió ella—. Igual nos mandamos mensajes.
Él asintió.
Se despidieron.
Lía le dio un