Lena llegó a su casa.
Se quitó los zapatos. Ya le habían dejado marcas rojas en el talón. Dejó el bolso en el sillón. Fue directo al baño a quitarse el maquillaje.
Se deshizo del vestido. Se puso un pijama ligero.
Al recostarse en la cama, pensó en lo extraño que seguía todo.
El sueño la atrapó rápido.
Pero no fue un sueño tranquilo.
Se veía a sí misma dando a luz. El bebé lloraba. La ginecóloga sonreía. Una sonrisa aterradora.
En lugar de cortar el cordón umbilical, lo enredó alrededor del cue