Alfonso terminaba de leer meticulosamente cada documento. Mientras tanto, Alán revisaba cada balance de los últimos dos años de la nueva empresa.Tenía que cuadrar las ganancias con la inversión de materia prima. Los gastos: pago a proveedores, algunos desperfectos en las máquinas.En apariencia, los números se veían bien. Sin embargo, si se hurgaba lo suficiente, comenzaban a aparecer incongruencias casi imperceptibles.El papeleo era excesivo. Las inconsistencias había que leerlas con lupa. De lo contrario, pasaban desapercibidas.—Como una aguja en un pajar —se quejó Alfonso—. Esto es un atraso total para todos los proyectos en puerta.—Es culpa del señor Montoya —dijo Alán, visiblemente molesto por la actitud de su padre.—Oye, mira, sé que quieres mucho a Lena —respondió—, pero papá solo trata de mantener esto a flote.Alfonso no es que fuera el fan número uno del carácter de su padre, pero echarle la culpa por su reacción no le parecía justo.—Como sea —Alán siguió con su tarea
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