—Sí, sobre ella.
—Alfonso me puso al tanto de su divorcio. La mujercita se encaprichó y no firmó el acuerdo prematrimonial. Usé otras tácticas para que su descuido solo la afectara a ella —dijo despreocupado, sin dejar de mirar las anotaciones de la agenda.
—Esto es otra cosa.
—Lo podemos hablar dentro de dos días, a las 10:30 de la mañana o a las 4 de la tarde. ¿Qué dices? —seguía sin mirar a su hijo a los ojos.
—Señor Montoya, esto de verdad es urgente.
Humberto soltó el aire con hastío.
—Dos