Capítulo 61. El peso de la sangre.
Héctor caminó por el estacionamiento del hospital sin ver a nadie. El aire de la noche era gélido, pero no tanto como el vacío que sentía en el pecho. Alessandra lo llamó a lo lejos, pero él no se detuvo. No podía. Cada paso que lo alejaba de su hermana era un paso que lo alejaba de la posibilidad de ser feliz. Subió a su coche, cerró la puerta y se quedó en silencio, apoyando la frente contra el volante.No iba a buscar a Leonella. No hoy. Si iba a verla, le daría una esperanza que quizás no podría cumplir. Si ese hijo era suyo, su destino estaba sellado. No podía ser el hombre que abandona a su propia sangre, no después de haber crecido con el hueco que dejó su padre, aunque haya sido porque la muerte lo separó de él. La ironía lo golpeaba con fuerza: Leonella lo había protegido alejándose, y ahora él debía protegerla de sí mismo. El amor, para ellos, parecía ser siempre un acto de renuncia.*******Mientras tanto, en la cabaña, el ambiente era distinto. Alessandra había llamado a
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