Capítulo 70. Una madre es una leona.
Eugenia tragó saliva. El tic en su ojo se hizo más pronunciado. Abrió la boca para articular una de sus defensas magistrales, pero la voz se le quedó atrapada en una garganta seca. La palidez de su rostro era la confesión que Héctor no quería escuchar.
—¡Responde! —rugió Héctor, golpeando el escritorio con el puño. El estruendo hizo que Pierina diera un salto y soltara un sollozo ahogado.
—Fue por tu bien... —balbuceó Eugenia al fin, su voz era un hilo quebradizo—. Esa mujer te iba a hundir, Hé