Capítulo 68. De hombre a hombre.
Alessandra sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Miró al pequeño de cuatro años y no vio a un sobrino indefenso; vio la sombra de Nicodemo, la furia de Héctor y el orgullo de los De la Vega concentrados en un cuerpo pequeño pero decidido. Leo no lloriqueaba. Exigía con una voz que no admitía réplicas.
—Leo, escúchame bien —susurró Alessandra, poniéndose a su altura para tratar de recuperar el control—. Si te llevo ahora, tu mamá se va a morir del susto. Ella no quiere que vayas.
—Mi mamá