Capítulo 69. La verdad del pasado.
El despacho de la corporación se sentía pequeño para la cantidad de odio que emanaba de sus paredes. Héctor permanecía de pie, con la mano apoyada en el hombro de Leo, una posición que gritaba posesión y protección.
Frente a él, Pierina seguía sollozando, una mezcla de rímel corrido y pánico real, mientras Eugenia caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado.
—¡Sáquenlo de aquí! —chilló Pierina, señalando al niño—. ¡Héctor, no puedes permitir que este... este intruso arruine nuestro mome