Capítulo 46. El eco de la traición.
Leonella despertó con una sensación de opresión en el pecho, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto denso durante la noche. Estiró la mano hacia la mesa de noche buscando el silencio de su celular, pero lo que encontró fue una detonación digital.Al encender la pantalla, las fotografías y el video la golpearon como ráfagas de fuego. Héctor y Pierina. Enredados en sábanas de seda. La piel de él, esa que ella conocía palmo a palmo, expuesta ante el lente de una mujer que sonreía con la victoria de una hiena. El video, aunque mudo, gritaba una intimidad que Leonella sintió como un ácido quemándole las entrañas.Un sollozo desgarrador, pequeño y agudo, escapó de su garganta. Se llevó las manos a la boca, intentando ahogar el llanto, pero las lágrimas ya le surcaban las mejillas, calientes y amargas. Aunque sabía que Héctor creía que ella lo había traicionado, y que se había comprometido con Pierina, le dolía que hubiera mostrado la misma pasión que le mostraba a ella. Y eso
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