Capítulo 121. El despertar del Lobo.
Se acercó a zancadas, clavando sus ojos oscuros en las facciones de granito de Héctor.Los dedos grandes de su mano derecha volvieron a contraerse, arrugando la tela de la sábana con una fuerza ruda y repentina. Un quejido espeso, bronco, rasgó la garganta del CEO. Leonella le tomó la mano de inmediato, apretándola con un agarre firme, posesivo, sintiendo cómo el calor corporal de su esposo comenzaba a estabilizarse tras noventa días de letargo absoluto.El cambio físico fue sutil, pero destructivo.Los dedos grandes de la mano derecha de Héctor se contrajeron levemente sobre la sábana blanca, como un espasmo torpe. Un gemido ahogado, espeso y bronco, se escuchó, delatando el dolor del esfuerzo interno. Leonella le tomó la mano de inmediato, pero no encontró la respuesta ruda y posesiva de antes; los dedos del CEO estaban rígidos, fríos, carentes de coordinación tras tres semanas de letargo absoluto.Los párpados de Héctor temblaron con una pesadez agónica. Le tomó casi un minuto comp
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