Capítulo 117. La trampa de Leonella.
Leonella sostuvo la fijeza de su mirada oscura. El silencio en el vestíbulo se volvió denso, pesado, cortante. Los puños de Leonella se relajaron despacio a los costados de su chaqueta de cuero mojada. Una mueca gélida, calculadora, casi imperceptible, le curvó los labios.La furia inicial de la leona se transformó en una estrategia fría en un segundo. Destruirla ahora con la verdad era demasiado fácil; verla caer en su propia red de codicia sería mucho más placentero.Leonella bajó la mano, rompiendo el contacto físico, y dio un paso hacia atrás, dándole espacio a la matriarca.—¿Sabes qué, Eugenia? Tienes razón —soltó Leonella, y su voz de acero recuperó una calma pulida que descolocó por completo a la vieja—. Está lloviendo a cántaros y las calles de la ciudad están cerradas por el congelamiento. No soy un monstruo. No voy a dejar a la madre de mi esposo en la calle en medio de esta tormenta.Eugenia parpadeó, desconcertada, tensando los músculos del cuello. La soberbia se le mezcl
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