Capítulo 121. El despertar del Lobo.
Se acercó a zancadas, clavando sus ojos oscuros en las facciones de granito de Héctor.
Los dedos grandes de su mano derecha volvieron a contraerse, arrugando la tela de la sábana con una fuerza ruda y repentina. Un quejido espeso, bronco, rasgó la garganta del CEO. Leonella le tomó la mano de inmediato, apretándola con un agarre firme, posesivo, sintiendo cómo el calor corporal de su esposo comenzaba a estabilizarse tras noventa días de letargo absoluto.
El cambio físico fue sutil, pero destruc