Capítulo 124. Cómplice de un delito.
Mientras tanto, en la casa principal, Leonella entró directo a la suite médica. Dejó a Leo en el salón bajo el cuidado de Alessandra y se sentó en el sillón contiguo a la cama de Héctor. El monitor cardíaco mantenía un ritmo lento, estable, musicalizando la penumbra de la habitación con sus pitidos electrónicos.
Héctor abrió los ojos despacio. Sus pupilas oscuras seguían vidriosas por el esfuerzo, delatando los estragos del coma de tres semanas, pero la fijeza solemne de su mirada delataba que