Capítulo 122. El precio del silencio
La mañana irrumpió con un cielo plomizo que amenazaba con otra descarga de agua. Leonella no había pegado el ojo en toda la noche. Permanecía de pie junto al ventanal del despacho principal, con los brazos cruzados y la mirada de acero fija en el sendero que conectaba con la cabaña exterior.
En su mano derecha sostenía la carpeta donde había archivado el dictamen del laboratorio genético. El documento de exclusión del cien por ciento era su mejor arma, pero la sospecha sobre el origen de Ethan