El trayecto desde la casa de Dominic hasta la de Christian solía sentirse eterno.Eran cuarenta minutos en autobús. Primero, atravesando el exclusivo sector de The Hills, con sus mansiones majestuosas y jardines idílicos; luego, adentrándose en los suburbios, donde las edificaciones se tornaban progresivamente viejas dan descuidadas, hasta finalmente alcanzar el vecindario de Arabella. Un lugar donde el asfalto estaba agrietado, las alcantarillas rebosaban basura y las casas se amontonaban con la pintura descascarada. Sin embargo, esta vez el viaje pareció más breve.Quizás fuera porque la mente de Arabella estaba demasiado perturbada para notar el paso del tiempo. Quizás porque las lágrimas que no dejaban de brotar la hacían indiferente a lo que sucedía tras la ventanilla. O quizás, simplemente, estaba demasiado exhausta para pensar.Sentada junto a la ventana, con su pequeño bolso en el regazo, mantenía el rostro hacia el exterior, pero no veía el paisaje. Su mirada estaba vacía.
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