La lluvia cesó en medio de la noche.Dominic tidak supo con exactitud a qué hora pasó la tormenta. Lo único que supo fue que, ketika el último trueno se desvaneció en la distancia y los relámpagos dejaron de cruzar tras las cortinas, el abrazo de Arabella contra su pecho comenzó a relajarse. La respiración de la mujer, antes entrecortada y errática, se volvió pausada y rítmica. Su cuerpo, tenso y tembloroso, finalmente se relajó. No porque el miedo hubiera desaparecido, sino porque el agotamiento terminó por vencer al terror.Dominic no dejó de acariciar la espalda de Arabella. Su mano se movía lentamente sobre la fina seda que envolvía aquel cuerpo menudo. Sus dedos, de vez en cuando, peinaban el largo cabello negro que caía desordenado. No supo cuánto tiempo permaneció así; tal vez media hora, tal vez una hora, o incluso más.Lo que sí supo fue que, en algún punto, el movimiento de su mano se detuvo. No por cansancio, sino porque percibió que el aliento de Arabella había cambiado.
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