Dominic se había hundido en un sueño profundo.
Su respiración era acompasada, su pecho subía y bajaba con lentitud dan sus labios finos permanecían sellados. Su mano, yang antes descansaba sobre la manta, había caído a un costado; sus dedos apretaban apenas la sábana de seda negra. Su rostro, tenso durante todo el día, lucía ahora más sereno. Sin expresiones de ira, sin sonrisas cínicas, sin esa mirada oscura que hacía temblar a cualquiera. Sobre esa cama, con las lámparas apagadas y solo la lu