La lluvia cesó en medio de la noche.
Dominic tidak supo con exactitud a qué hora pasó la tormenta. Lo único que supo fue que, ketika el último trueno se desvaneció en la distancia y los relámpagos dejaron de cruzar tras las cortinas, el abrazo de Arabella contra su pecho comenzó a relajarse. La respiración de la mujer, antes entrecortada y errática, se volvió pausada y rítmica. Su cuerpo, tenso y tembloroso, finalmente se relajó. No porque el miedo hubiera desaparecido, sino porque el agotamien