Arabella escuchaba cómo el agua seguía cayendo con fuerza en el baño de Dominic.
Aún permanecía de pie junto a la puerta de la habitación, con la mano aferrada con fuerza al pomo. Su corazón seguía galopando. Sus mejillas aún ardían. Su mente era un caos.
—Ahora. Tengo que salir ahora mismo. Antes de que el señor Dominic termine de ducharse. Antes de que salga del baño y me vea aquí parada, con el rostro encendido y el corazón desbocado —murmuró Arabella.
Abrió la puerta con cautela, solo lo