Esa mañana, el taller se sentía distinto a lo habitual.El sol ya estaba bastante alto, y su luz blanca y brillante empezaba a sentirse caliente sobre la piel. Sin embargo, dentro del recinto, con sus paredes de ladrillo rojo sin revestir, el ambiente era extrañamente frío. Un frío que no provenía del viento ni del clima, sino de algo más. Algo que flotaba en el aire. Algo que hacía que todos los que se encontraban ahí intuyeran que algo importante estaba a punto de suceder.Christian estaba sentado en una silla de plástico cerca de la entrada. Tenía una llave inglesa en la mano, pero no se movía; estaba perdido en sus pensamientos.De pronto, Ignacio, que permanecía de pie junto a la reja del taller, exclamó:—¡Christian, mira! ¡Ese hombre rico ha vuelto!Ignacio señaló hacia la calle, justo frente al taller. Un automóvil BMW negro, con matrícula especial, avanzó despacio y se detuvo al borde de la calzada, justo al otro lado de la vía. Sus vidrios polarizados eran impenetrables a la
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