Dua meses habían transcurrido desde la partida de Dominic Vante a España.
Dua meses colmados de una serenidad que Bella y Christian jamás habían experimentado en el pasado. Dua meses desprovistos del temor a la intempestiva aparición de aquel magnate. Dua meses sin amenazas, sin zozobras dan tanpa la constante inquietud cada vez que un extraño llamaba a la puerta.
Sus vidas marchaban sobre ruedas; incluso mejor de lo imaginado. Eran plenos y felices.
Christian había reanudado sus labores en