El rostro de Dominic cambió por completo.
Su sonrisa desapareció. Sus ojos oscuros se abrieron con sorpresa. Sus delgados labios se entreabrieron, y su expresión, que hasta hace un momento permanecía tranquila, se tornó pálida.
Se quedó en silencio.
—No te sorprendas —dijo Christian con voz helada—. Sé todo lo que ocurrió aquella noche.
Dominic seguía sin pronunciar palabra. Sus ojos oscuros lo miraban con absoluta incredulidad. Sacó las manos de los bolsillos de su traje, y sus dedos largos y