El silencio que quedó después… no era vacío. Era denso. Pesado. Cargado de todo lo que había ocurrido y de todo lo que aún no tenía nombre. Lía no se movió de inmediato. Su respiración seguía ligeramente acelerada, pero ya no por la intensidad del momento, sino por la sensación que permanecía en su interior. No había desaparecido. Aquella energía seguía ahí, recorriéndola de forma más estable, como si finalmente hubiera encontrado un lugar donde asentarse sin desbordarse. Era diferente. Más profunda. Más… suya. Sus dedos aún estaban apoyados contra Kael, como si su cuerpo se negara a romper completamente el contacto. No por necesidad desesperada, sino por una conexión que ahora se sentía más clara, más definida. Algo había cambiado entre ellos, y no era algo que pudiera ignorarse o esconderse. Kael fue el primero en apartarse apenas, no bruscamente, sino con un movimiento controlado que dejaba ver que, aunque había cedido, no había perdido del todo la conciencia de l
Leer más