El aire seguía cargado incluso después de que Kael dio un paso atrás.
No era distancia suficiente para romper lo que había ocurrido. Porque no había sido solo cercanía física… había sido algo más profundo, algo que ninguno de los dos podía fingir que no existía. Lía lo sabía. Y por la forma en que Kael evitaba sostenerle la mirada, él también.
Durante unos segundos, ninguno habló. El silencio no era vacío; estaba lleno de lo que no se decían, de lo que ambos sentían pero se negaban a nombra