La risa de Aria era un sonido cristalino que llenaba la celda, mezclándose con mis propios jadeos. Yo estaba inclinado sobre ella, recorriendo con mi lengua la curva de sus pechos, saboreando la sal de su piel y la victoria de nuestra tarde a solas. Ella arqueaba la espalda, enredando sus dedos en mi pelo, soltando gemidos que eran música para mis oídos.—Kyler... —susurró ella, con la voz rota por el placer—, si tus feligreses te vieran ahora, pensarían que estás practicando un exorcismo muy extraño.—Cállate, Moretti —respondí con una sonrisa pecaminosa, justo antes de atrapar uno de sus pezones entre mis labios.Pero entonces, el mundo exterior decidió que la fiesta se había acabado.—¡Te lo digo yo, Liam! ¡Esa mujer tiene el corazón de granito! —La voz de Noah resonó en el pasillo, clara como una campana de iglesia, seguida por el sonido de pasos pesados acercándose.Nos tensamos al unísono. Los ojos de Aria se abrieron como platos y mi corazón se detuvo.—¡Son ellos! —siseó ella,
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