El eco de los pasos de Noah y Liam perdiéndose por el pasillo todavía vibraba en el aire. El silencio regresó a la celda, pero era un silencio denso, cargado de una adrenalina que nos quemaba la garganta. Aria estaba sentada en el borde de la cama, despeinada, con el vestido rojo arrugado contra su pecho y una chispa de travesura salvaje en los ojos.
—Casi nos convertimos en mártires de la lujuria, Kyler —rio ella en un susurro, pasándose la mano por el pelo—. Tu cara de pánico cuando Noah olfa