(POV Aria)
Me quedé observándolo un buen rato. La luz de la luna, esa misma que había sido cómplice de nuestros pecados, ahora iluminaba la paz de su rostro. Kyler dormía con una mano abierta sobre la almohada, como si estuviera esperando recibir una bendición que yo ya le había arrebatado. Se veía tan joven, tan lejos de la rigidez de la sotana. Parecía, por fin, el carpintero de sus propios sueños.
Me acerqué con cuidado, conteniendo la respiración para no romper ese frágil santuario de calma