Engañada por mi esposo
Engañada por mi esposo
Por: Emily Rose
Prefacio.

Las pruebas estaban ahí, tiradas sobre el tocador, confirmando sus peores sospechas.

Amanda pasó saliva con dificultad, sintiendo que le faltaba el aire mientras intentaba procesar las imágenes que el detective le acababa de entregar.

En la imagen principal, Víctor, su esposo, sostenía en brazos a un niño pequeño mientras sonreía.

Era una sonrisa alegre, relajada, de esas que jamás le había dedicado a ella en los tres años que llevaban casados.

A su lado, abrazándolo por la cintura, estaba una mujer despampanante.

Tenía otra familia.

El pecho de Amanda subía y bajaba con fuerza, buscando aire en una habitación que de repente se sentía demasiado pequeña.

Cuando aceptó casarse con Víctor Grimaldi a los veintiún años, sabía perfectamente que era un acuerdo.

Él necesitaba una esposa intachable para poder cobrar la millonaria herencia de su abuelo, y ella… bueno, ella había sido lo suficientemente ingenua como para creer que el amor podía nacer con la convivencia.

En el fondo, siempre estuvo enamorada de él. Pensó que, con el trato diario, él terminaría viéndola de otra manera y olvidarían que todo había empezado por un simple contrato.

Qué equivocada estaba.

En tres años de matrimonio, Víctor jamás la había tocado. Ni una caricia, ni un acercamiento real.

A sus veinticuatro años, Amanda seguía siendo virgen, viviendo bajo el mismo techo que el hombre que amaba, pero sintiéndose más sola que nunca.

Y ahora, viendo esa maldita foto, todo el amor que alguna vez le tuvo se estaba pudriendo rápidamente, convirtiéndose en puro desprecio.

—Miserable... —susurró para sí misma, con la voz desgarrada por la rabia—. Me ocultaste todo este tiempo que tenías una vida entera a mis espaldas.

Ahora todas las piezas encajaban a la perfección.

Las interminables reuniones de negocios, los viajes de última hora, las noches en las que simplemente no llegaba a dormir a la casa.

Mientras ella se quedaba esperando, cumpliendo a la perfección su papel de esposa de alta sociedad que nunca daba problemas, él estaba en otra cama.

Se topó con su propio reflejo en el espejo.

Sintió ese ardor molesto detrás de los ojos, justo el que avisa que vas a llorar, pero apretó la mandíbula y respiró hondo. Llorar por Víctor era un lujo que ya no le iba a dar.

Se negó a llorar por él. La mujer que le devolvía la mirada en el reflejo era joven, hermosa, llena de vida.

Tenía un cuerpo que cualquier hombre en su sano juicio desearía. Cualquiera, menos su propio esposo, quien prefería tenerla cautiva en un matrimonio sin amor.

Agarró su teléfono y salió de la habitación, caminando por los pasillos silenciosos de la inmensa casa para despejar la mente y asimilar su dura realidad.

Mientras caminaba, abrió el correo del detective de nuevo y leyó el nombre de la otra mujer.

Melissa Rubiales.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, buscó el nombre en las redes sociales. El perfil era público.

Melissa era rubia, de unos ojos verdes penetrantes, y destilaba clase en cada foto. Pero había algo más en su expresión, un brillo en la cara que gritaba ambición.

Amanda deslizó la pantalla, viendo foto tras foto.

En muchas de las imágenes aparecía Víctor, aunque siempre de forma muy discreta: un brazo, un reflejo, la silueta de sus hombros.

Él era cuidadoso para no llamar la atención de la prensa ni arruinar su fachada de hombre felizmente casado.

Pero para Amanda, el engaño había terminado.

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