Ambos se quedaron dormidos junto a su hija, vencidos por el cansancio y por una paz que ninguno de los dos recordaba haber sentido antes. No fue un sueño profundo ni continuo, sino uno ligero, interrumpido por la respiración pequeña de la bebé y por la necesidad inconsciente de asegurarse de que seguía ahí, entre ellos. Para Nikolas, dormir así era extraño, casi incómodo al principio, pero al mismo tiempo se sentía correcto. Valentina, en cambio, se dejó llevar con más facilidad; su cuerpo estaba agotado y su mente, por primera vez en meses.No pasó mucho tiempo antes de que el llanto de la bebé los sacara de ese descanso frágil. Fue un llanto claro, insistente, de esos que no dejan lugar a dudas. Hambre. Nikolas abrió los ojos de inmediato, incluso antes que Valentina. Se incorporó con cuidado y tomó a la pequeña en brazos, sintiendo cómo su cuerpo diminuto se agitaba contra su pecho. La meció despacio, con torpeza al inicio, pero con una intención firme: tranquilizarla, hacerle sabe
Leer más