Los días no les dieron tregua. Apenas tuvieron tiempo de adaptarse a la nueva rutina cuando ya estaban compartiendo un espacio tan reducido que los obligaba a verse, a sentirse y a percibirse de una manera mucho más cercana de lo que ambos habían imaginado. Esa convivencia constante los fue haciendo conscientes de lo íntimo de cada momento, de cada gesto que antes habría pasado desapercibido. No era solo la presencia de la bebé lo que lo cambiaba todo, sino la cercanía inevitable entre ellos.
N