Ambos se quedaron dormidos junto a su hija, vencidos por el cansancio y por una paz que ninguno de los dos recordaba haber sentido antes. No fue un sueño profundo ni continuo, sino uno ligero, interrumpido por la respiración pequeña de la bebé y por la necesidad inconsciente de asegurarse de que seguía ahí, entre ellos. Para Nikolas, dormir así era extraño, casi incómodo al principio, pero al mismo tiempo se sentía correcto. Valentina, en cambio, se dejó llevar con más facilidad; su cuerpo esta