Valentina no solo tomó la habitación y la hizo suya. También comenzó a habitarla con una seguridad que no pasó desapercibida. Poco a poco dejó atrás la ropa holgada del embarazo y volvió a usar las pijamas que llevaba antes, esas que conocía bien su cuerpo y que dejaban muy poco a la imaginación. No lo hacía para provocar de manera abierta, pero tampoco fingía inocencia.
Para Nikolas, aquello se convirtió en un reto constante. Cada noche era una prueba de autocontrol. Sus ojos, por más que lo i