Nikolas condujo de regreso a casa con la mente llena de pensamientos. El camino le resultó más corto de lo habitual, aunque su cabeza iba a mil por hora. No podía dejar de pensar en el último momento en el hospital, en esa escena que se había quedado grabada en su memoria con una claridad inquietante. Valentina nunca antes lo había llamado “cariño”.
Ese simple gesto lo había descolocado más de lo que estaba dispuesto a admitir. Una parte de él quiso convencerse de que lo había dicho sin segunda