Las enfermeras se acercaron con cuidado, avisando que debían llevarse a la bebé para realizar los controles de rutina. Lo dijeron con suavidad, casi pidiendo permiso. Nikolas asintió despacio. Soltarla le costó más de lo que estaba dispuesto a admitir, pero entendía que era necesario. Aun así, cuando la pequeña salió de sus brazos, él no se movió del lugar. Permaneció al lado de Valentina, atento a cada respiración, a cada gesto mínimo de su rostro, como si su presencia fuera indispensable para