Y sí, podía afirmarlo sin miedo, esa mujer era y sería el amor de su vida. Volvió a besarla una y otra vez, hasta quedarse sin aliento, hasta que la emoción lo desbordó por completo.Entonces recordó lo que había prometido, recordó que debía ir con calma, que debía demostrarle que era especial. Se separó apenas de ella, tomó la botella de champán, la destapó y llenó las copas con manos que aún temblaban de emoción.Quiso hacer un brindis por el pasado, por el presente y por el futuro. Por las nuevas oportunidades, los nuevos comienzos, por conocerse, por amarse, por respetarse, por tenerla a su lado, por todo aquello que los había llevado hasta ese momento.Valentina lo miró con los ojos brillantes. Sentía que ese hombre estaba empeñado en hacerla llorar toda la noche con cada palabra que decía. Alzó su copa y brindó con él, deseándole salud.Ella también quiso brindar, incluso bromeó con hacerlo por el hombre que había odiado y por el que ahora adoraba. Ambos no pudieron evitar reír
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