Nikolas fue el primero en llegar a su lado. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. La sostuvo con cuidado cuando el grito salió de su boca, y al verla pálida, con los ojos abiertos por la sorpresa y el dolor, su corazón se aceleró.
—¿Qué sucede, cariño? —preguntó con la voz cargada de urgencia y miedo.
No hizo falta que ella respondiera. El sonido inconfundible del líquido cayendo al suelo fue suficiente para que todo quedara claro. Su fuente se había roto. La bebé había decidido llegar.
Agnes