Sentados en la alfombra de la sala, con una caja de pizza grasienta entre los dos y las corbatas y tacones tirados por ahí, Emma por fin sintió que podía respirar. Azkarion se había quitado el reloj de miles de dólares y tenía una mancha de salsa en la barbilla. Parecía un hombre normal, no el dueño de medio mundo.—Sabes... —dijo Azkarion, dándole un mordisco a su rebanada—, creo que esta es la mejor cena que he tenido en tres años. Sin camareros vigilando cuántas veces mastico.Emma se rio, apartándose un mechón de pelo de la cara.—Es porque la comida sabe mejor cuando no tienes que fingir que eres alguien que no eres.Se quedaron en silencio un momento, disfrutando de la calma tras la tormenta con Julián. Pero Emma notó algo. Azkarion no dejaba de mirar su reloj inteligente. Cada vez que vibraba, su mandíbula se tensaba un poco más.—¿Pasa algo de la oficina? —preguntó ella, tratando de sonar casual.Azkarion dejó la pizza en la caja. Sus ojos grises, que hace un minuto brillaban
Leer más